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Tricó, el secreto familiar mejor guardado
Dicen que a veces guardar demasiadas cosas no tiene más sentido que el de acumular elementos materiales que, posiblemente nunca más vayamos a utilizar como bien relata en sus libros la asiática Marie Kondo creadora de “La Magia del Orden”, entren otros, y donde explica mediante el método Konmari, cómo hay que ir deshaciéndose de aquello que ha pasado a guardarse para acumularlo y posteriormente ser olvidado para siempre. Sin embargo, como en muchas otras ocasiones, un día de este pasado verano tuve la oportunidad de pasar un rato mañanero en compañía de mi buen amigo Félix Álvarez, amante de la buena mesa y conocedor de pequeñas grandes bodegas y de proyectos interesantes y con historia de su tierra natal, Galicia. Félix me habló y dio a conocer un proyecto muy atractivo hace ya aproximadamente un año y que no ha dejado de sorprenderme cada vez que descorcho una de las botellas que alojan en su interior lo que, desde mi humilde opinión, es una obra de arte para los amantes del vino.
José Antonio López, fundador de la bodega.
Juan Antonio Hernández Ponce. Médico especialista en Radiología. Radiólogo en el Hospital Universitario de Canarias
10 noviembre 2022

En Rías Baixas, en la subzona del Condado, extendiéndose a lo largo del bajo Miño hasta su desembocadura en el Atlántico, donde esa impresionante Terra Galega no deja de sorprendernos con la amabilidad de su gente, una variedad inagotable de productos del mar y de la tierra y una de las gastronomía más ricas de España, José Antonio López y su afán por demostrar que guardar el vino blanco para que evolucione a la mejor de sus versiones, decide crear un bonito proyecto, sentimental y con multitud de recuerdos familiares. Creó lo que los gallegos llaman un Tricó, que en aquellas tierras significa el hijo que ya no esperas.

Compañía de Vinos Tricó, de la mano de José Antonio López, se extiende a lo largo de 10 hectáreas de suelo granítico con arena en superficie y a lo largo de diferentes aldeas, para una producción de no más de 8000 kilos por hectárea con el fin de obtener la concentración adecuada para la producción de vinos con capacidad de permanecer tiempo en la botella.

Esta filosofía constituye una forma de entender el vino que, tiempo atrás, no hubiera sido tan comprendida y, que a día de hoy se ha convertido en una de las maneras de disfrutarlo mejor valoradas en el mundo gastronómico. Los vinos blancos de guarda.

Pero, antes de nada, hay que entender lo que se conoce por un vino de guarda, qué características poseen y qué ventajas tienen sobre los otros tipos de vinos blancos desde el punto de vista de aromas, sabor y color y capacidad de evolucionar en el tiempo.

Un vino de guarda es aquel que cuenta con las características y cualidades que le permiten continuar madurando en botella y para ello jugarán un papel fundamental el pH, la acidez la graduación alcohólica e incluso hasta el tapón que lo sella para ser guardado.

Todas las parcelas de la bodega poseen como única uva el albariño, pero si bien a priori todos deberían ser iguales, sus diferentes localizaciones, la orografía del terreno y las condiciones climatológicas de cada una de ellas, le aporta unas características y una personalidad diferente a cada botella, todas ellas identificadas con nombres referentes a miembros de su familia.

El primero de todos Tricó y posteriormente sus nietos Nicolás y Claudia nos muestran como una misma variedad de uva puede cambiar como el carácter y el físico de cada una de las personas en el interior de una botella a la que se le concede el beneplácito de ser guardadas para degustarlo en un mejor momento.

Cada una de las botellas está representada por dibujos a color rescatados de un cuaderno escolar hechos por la madre de José Antonio, la cual murió cuando él era niño. Ella los dibujó durante su infancia cuando vivía en la Aldea de Cequeliños. Son ellos los que le añaden ese toque final familiar tan presente en esta pequeña gran bodega del norte de nuestro país y tan reconocida por multitud de restaurantes de toda la geografía nacional.

 

Tricó, procedente de terrenos graníticos y cuyo nombre resume la filosofía de esta bodega. Tras permanecer al menos un año en tanques de acero inoxidable y otro más en botella, lo hacen un vino de guarda complejo a la vez que fresco y con la acidez adecuada.

Claudia que al igual que los demás proviene de una sola finca y que tras la guarda se obtiene un albariño delicado con mayores notas aromáticas. Su nombre va dedicado a la primera nieta de José Antonio

Nicolás, dedicado a su primer nieto es un vino que se mantiene a lo largo del tiempo y mejorando con los años.

Tabla de sumar se une a la trilogía anterior y su nombre se debe a que según la filosofía de José Antonio todos los elementos suman para la elaboración de un vino que sea el reflejo del entorno. Un albariño más cotidiano, con la misma filosofía en su interior, pero más fresco y con mayor ligereza.

Todos los miembros de la Familia Tricó maridarán de maravilla con la inagotable cantidad de productos procedentes de las costas gallegas, no dejando de lado a una buena Rubia de aquel lugar, con ese sabor y marmoleo de grasa tan presente en ellas.

Cualquier época del año es buena para compartir un Tricó. En invierno no dejemos de beber un buen vino blanco y dejemos para estás próximas navidades la posibilidad de compartir este proyecto tan familiar con los que más queremos. Presumamos de haber guardado el vino y de abrirlo en familia. Disfrutemos un gran vino de guarda familiar. Bebámonos un Tricó.

COMPAÑÍA DE VINOS TRICÓ

Año de fundación: 2007
Ubicación: Pontevedra (Galicia)
Superficie total de viñedo: 5 ha.

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