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Trufas y Jareas ¿Redondo y aterciopelado? Simplemente trufero o jareado ¿Cuál es el mejor vino de todos? Simplemente el que está bueno
El mundo del vino está de moda y actualmente se les da a los caldos una enorme variedad de atributos y características que solo los entendidos son capaces de comprender. Sin embargo, para cualquier persona amateur y aficionada a este mundo, un buen vino es aquel que gusta y que puede compartirse con una buena compañía.
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• Un vino sirve para celebrar, brindar, pasar épocas festivas y recordar a los que ya no están e incluso, muchas otras veces, para olvidar.
• Cada vino tiene su momento y nos aportará felicidad o tristeza según el tiempo y lugar en el que nos acompañe.
Juan Antonio Hernández Ponce / GastroCanarias
08 marzo 2017
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El pasado fin de semana mi compañero y amigo José Carlos Marrero, me envió un mensaje que contenía un vídeo acerca del mundo del vino y sus características. En él se hablaba sobre los diferentes atributos que se le dan a un vino y se debatía si la gente es realmente conocedora de este mundo o, simplemente venden lo contrario. Gracias a este vídeo decidí hablar hoy sobre uno de los temas que más me apasionan en el mundo de la gastronomía, el buen vino.

Redondo, aterciopelado o estructurado en boca, son algunos de los calificativos que se le da al vino pero realmente a no ser que seamos unos totales expertos, puede ocurrir que en vez de querer tomarnos una buena copa de vino, nos echemos para atrás porque posiblemente, si hiciéramos caso a todos estos atributos, pensemos que no vamos a entender nada de lo que ese caldo nos quiere transmitir.

El vino es un placer en el mundo gastronómico y no hay una comida igual sin la compañía de un buen vino. Sin un tinto, blanco, rosado o un espumoso, la comida no será la misma por lo que el maridaje o matrimonio entre el caldo y el plato al que acompañe es imprescindible.

Al lado de una copa de vino hay muchas historias y no siempre hay que pensar que un vino barato de supermercado con una etiqueta ausente de buen marketing, es peor que un suculento D.O. Ribera del Duero reserva del 2011 por ejemplo.

Cada vino tiene su momento y nos aportará felicidad o tristeza según el tiempo y lugar en el que nos acompañe.

Lo mejor de este manjar es que el peor vino puede convertirse en fabuloso, cuando lo degustamos en buena compañía y, sin embargo, todo un Gran Reserva del que tenemos unas expectativas tremendas nos defraude simplemente por no tomarlo con la compañía adecuada ni el momento adecuado.

El primer vino que uno se toma con la persona con la que comparte su vida puede que sea mejor o peor, que no tenga una gran valoración en la Guía Peñín o en la Robert Parker pero, para los protagonistas de aquel momento, será siempre recordado.

Lo cierto es que un vino sirve para celebrar, brindar, pasar épocas festivas y recordar a los que ya no están e incluso, muchas otras veces, para olvidar.

No hace falta etiquetarlo de aterciopelado, terroso, con aromas primarios que nos invaden y recuerdan a flores silvestres y está bien equilibrado con aromas secundarios. Tampoco hay que pretender hacer de un caldo aquello que no se puede.

Como me dijo hoy un conocedor de este mundo viticultor, no podemos renunciar a esos matices propios del Océano Atlántico que poseen nuestros fabulosos vinos, por querer hacer de ellos algo que se produce fuera de nuestras fronteras. Solo hay que disfrutarlos en su mejor versión, es decir, aquella que mejor puede darle el suelo que lo hace nacer.

El vino para los no entendidos del tema se puede clasificar en bueno o malo, en el que nos gusta y el que no y en este mundo, desde mi humilde opinión hay cabida para todo. Para el que tiene el gusto adaptado al vino de mesa, pues ese es el que estará bueno y para el más refinado y con un conocimiento de sabores, aromas y matices y, conocedor de las diferentes variedades de uvas y la elaboración vitivinícola apreciará otras características que otros no serán capaces, sin embargo, tanto para unos como para otros, ambos estarán buenos.

La vida tiene momentos buenos y malos, así que simplemente disfrutemos de la buena mesa, de una comida trufera o jareada, hagámoslo en buena compañía, démosle pasión y, sobre todo, abramos una botella de vino. ¿De cuál? Pues claramente del que esté bueno. Bebámonos la vida.

6 Responses to ¿Redondo y aterciopelado? Simplemente trufero o jareado

  1. José Ramón dice:

    Ñoo! Que bueno! Esa es la frase que califica los buenos vinos para cada uno y en cada momento; y lo importante es disfrutarlo; luego miramos la etiqueta (si la tiene) para anotarla, y en esta Isla es fácil y frecuente encontrar buenísimos vinos de cosecheros.

  2. MFG dice:

    Muy bonito, JA.

  3. Ruth Arnay dice:

    De acuerdo en todo menos en que “el peor vino puede convertirse en fabuloso”. Si es malo a mí no me lo arregla ni tomarlo con George Clooney.

    Un saludo

    • Juan Antonio dice:

      Bueno bueno… muchas gracias por tu aportación. Tienes toda la razón pero una forma de intentar transmitir que el momento ayuda mucho a que el vino entre mejor.

      Muchas gracias por el comentario

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