La experiencia en un restaurante comienza mucho antes de sentarse a la mesa. Empieza cuando el cliente busca dónde comer, consulta la carta, revisa las fotografías, lee las opiniones de otros usuarios o intenta realizar una reserva.
Este recorrido, que continúa durante el servicio y se prolonga después de abandonar el establecimiento, fue el eje de la ponencia protagonizada por Roberto Mickel, desarrollador full stack y especialista en inteligencia artificial, y Maite Durán, diseñadora gráfica especializada en branding y food design para restauración. Ambos colaboran en Kraak, espacio desde el que impulsan productos digitales para el sector, como la herramienta de IA visual Kraaki, que permite a los negocios generar contenido para redes sociales manteniendo la coherencia de su marca.
Durante la intervención presentaron Qaproveche, una plataforma canaria que utiliza inteligencia artificial para facilitar la gestión de los restaurantes y mejorar la relación con sus clientes.
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La experiencia empieza antes de entrar
Para Maite Durán, la identidad visual, la página web, las imágenes y la facilidad para acceder a la información forman parte de la experiencia gastronómica tanto como la comida, el espacio o la atención.
“Muchas veces no pasamos por delante del restaurante, sino que buscamos ir hasta él”, señaló. Esa búsqueda, que durante años se realizaba principalmente en Google y después en las redes sociales, comienza ahora a trasladarse también a las plataformas de inteligencia artificial.
Este cambio obliga a los establecimientos a cuidar la forma en la que presentan su información. Una carta desactualizada, un sistema de reservas poco intuitivo o una web que no representa la personalidad del negocio pueden convertirse en barreras antes de que el cliente pruebe un solo plato.
Cartas que se actualizan, traducen y personalizan
Una de las principales funcionalidades de Qaproveche es la gestión de cartas digitales. La plataforma permite cambiar platos y precios, incorporar sugerencias fuera de carta o mostrar diferentes propuestas según el horario sin tener que rehacer constantemente el diseño.
También puede traducir automáticamente los contenidos a distintos idiomas, facilitando que los visitantes extranjeros consulten la oferta gastronómica en su propia lengua.
Para Maite Durán, esta automatización puede ahorrar tiempo y costes, especialmente en negocios que modifican con frecuencia sus precios, productos o elaboraciones.
La herramienta permite además adaptar la carta a las necesidades de cada usuario. Un cliente con una intolerancia, una alergia o una determinada preferencia alimentaria puede filtrar las opciones y consultar únicamente los platos adecuados.
La utilidad del sistema depende, no obstante, de que el restaurante proporcione una información rigurosa sobre sus recetas, ingredientes y alérgenos. La inteligencia artificial no sustituye esa responsabilidad, sino que organiza y presenta los datos facilitados por el propio establecimiento.
Accesibilidad y eliminación de barreras
Otro de los aspectos destacados fue la posibilidad de incorporar lectura por voz. Una carta digital accesible puede ayudar a personas con dificultades visuales o a usuarios que no dominan los idiomas disponibles en el restaurante.
En lugar de descargar un PDF en el teléfono móvil o ampliar continuamente la pantalla, el cliente puede escuchar de manera natural los platos, sus ingredientes y sus descripciones.
La tecnología podría incluso utilizar una voz vinculada al propio negocio, aportando cercanía y evitando una experiencia excesivamente fría o automatizada.
Esta accesibilidad no debe plantearse únicamente como una obligación normativa, sino como una oportunidad para crear restaurantes más inclusivos y cómodos para públicos diversos.
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Reservas integradas en la web del restaurante
Mickel y Durán también abordaron uno de los problemas habituales de las páginas web de restauración: los sistemas de reserva que redirigen al usuario a una plataforma externa con una imagen completamente diferente.
Esta ruptura visual puede generar desconfianza y debilitar la identidad de la marca. Qaproveche permite integrar la carta y las reservas dentro de la propia página web, respetando sus colores, tipografías y diseño.
Para Durán, la coherencia es fundamental. El entorno digital debe anticipar la experiencia que el cliente encontrará posteriormente en el establecimiento.
Escuchar al cliente después de la visita
La plataforma también plantea el uso de inteligencia artificial para conocer la opinión del usuario tras su paso por el restaurante.
El sistema puede preguntarle cómo ha sido su experiencia, detectar posibles incidencias y trasladar esa información al negocio. Si el cliente ha quedado satisfecho, puede ayudarle a redactar una reseña que después deberá revisar y publicar.
“Es como si el dueño del restaurante estuviese hablando contigo”, explicó Roberto Mickel.
La finalidad no es generar opiniones falsas, sino facilitar la conversación y permitir que el restaurante identifique rápidamente los problemas. Una queja atendida a tiempo puede convertirse en una oportunidad para recuperar la confianza del cliente.
Restaurantes visibles para las nuevas búsquedas
Cada vez más usuarios preguntan directamente a las plataformas de inteligencia artificial dónde comer, qué restaurantes visitar o en qué establecimientos pueden encontrar un producto determinado.
El problema es que muchas páginas web y cartas digitales no están estructuradas para que estas herramientas entiendan correctamente su contenido.
Qaproveche busca organizar la información del negocio —ubicación, horarios, platos, tipo de cocina o productos diferenciales— para mejorar su presencia en estas nuevas búsquedas.
Un restaurante especializado en carne de cabra, quesos canarios, cocina de fusión o cualquier otro producto debe comunicarlo con claridad para que pueda ser identificado tanto por las personas como por las plataformas digitales.
Datos para decidir mejor
La información recopilada a través de las consultas y opiniones de los clientes puede transformarse en informes periódicos para el restaurador.
Estos datos permiten conocer qué platos generan mayor interés, cuáles son las preguntas más frecuentes, qué incidencias se repiten o qué productos demandan los usuarios y todavía no están disponibles.
La herramienta no toma las decisiones por el empresario, pero puede ofrecerle una base más precisa para revisar la carta, mejorar el servicio o detectar nuevas oportunidades de negocio.
Una herramienta que no sustituye al profesional
Los ponentes insistieron en que la inteligencia artificial no garantiza por sí sola un buen resultado.
“La inteligencia artificial bien usada es una muy buena herramienta”, afirmó Maite Durán, quien advirtió de que aplicar esta tecnología sin conocimientos de diseño, comunicación o estrategia puede producir resultados aparentemente correctos, pero poco profesionales.
La IA puede agilizar traducciones, organizar información, mejorar fotografías o automatizar tareas repetitivas. Sin embargo, no sustituye el criterio de un diseñador, la experiencia de un profesional de sala, el conocimiento del cocinero ni la capacidad de gestión del restaurador.
El verdadero valor de Qaproveche no está únicamente en automatizar procesos. Su potencial reside en ayudar a los restaurantes a conocer mejor a sus clientes, reducir fricciones, mejorar la accesibilidad y tomar decisiones basadas en información.
La tecnología puede contribuir a que un negocio sea más eficiente y visible, pero la experiencia seguirá dependerá de una buena propuesta gastronómica y de las personas que la hacen posible.

















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