Raúl Pérez, durante la cata privada en el entorno del XI Salón Gastronómico de Canarias GastroCanarias 2026Raúl Pérez fue el último niño que nació en su pueblo, Valtuille de Abajo. Quizá tenga sentido pensar que con él se rompió el molde. O quizá comenzaba a moldearse algo. Algo grande y nuevo que tendría en él a su punta de lanza.
Y digo quizá porque, a priori, sobre papel no parecía haber nada especial. Familia de viticultores de bodega de tradición, de esas en las que más se aprendía mirando que estudiando. Un apellido corriente en pueblo pequeño allá por el Bierzo. Esa comarca norteña atravesada por el camino de Santiago en la ruta francesa en la que se hacía vino, entre otras cosas.
Nada destacable en aquel chaval de familia numerosa, de hablar tranquilo y aspecto casi distraído. Nada salvo justamente eso. Lo extraordinario de lo corriente. El mejor lugar desde el que entenderlo todo.
Entendió, por ejemplo, que las viñas estaban pensadas para beber. Por eso tenían más sentido los tintos de poca intensidad. Por eso no había lugar para extracciones escandalosas; ni tiempo para disciplinadas maduraciones; ni razón para retirar las blancas que salpicaban las parcelas tintas de frescura y acidez.
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He aquí las miguitas que dejaron los monjes borgoñones de Cluny y del Císter que atravesaban la comarca camino de Santiago entre los siglos XI y XII. En su peregrinar, levantaron monasterios y un santuario al vino que ni el hostil cierzo arrastra del valle.
Entre las notas de historia, y ante los privilegiados de GastroCanarias gozando La Vizcaína del ’19 mientras asoma El Rapolao, Raúl tira también de anecdotario personal. Debe ser y estar muy cómodo porque transmite una buena onda que enmudece la sala de puro encanto. Se acaricia la barba. Habla mientras sonríe o al revés. Pero sin micrófono. Sin escenario. Sin papel en mano.
Tiernamente recuerda su época de estudiante cuando acudió a una feria dispuesto a comprar barricas nuevas. Se acercaó al puesto de una tonelería de cuyo nombre jamás olvidará. Quería hacer las cosas bien. Como suponía entonces que debían hacerse. Le explicó al tonelero qué estaba buscando para elaborar los vinos que soñaba y aquel hombre, después de escucharlo, le soltó:
- Tú lo que necesitas son barricas usadas.
Raúl pensó que lo estaba tomando por un aficionado. Menospreciando. Que, en el fondo, le estaba diciendo que no estaba a la altura del material de primera. Y eso le pellizcó.
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Con el tiempo, como siempre pasa, Raúl entendió que lo de aquel tonelero había sido más una lección, una verdad revelada.
Desde su madurez profesional de hoy, no titubea al manifestar su predilección por las maderas viejas y aprendidas. Los fudres cansados en los que descansar mínimo un año. Ni al anteponer la viña antes que la técnica, porque sin paisaje no habría nada que embotellar. Y paisajes como el suyo, de heterogénea belleza y abruptas diferencias entre lomas, suponen un desafío irrepetible y adictivo en éste, su trabajo sin fin.
Y si de su trabajo tocase hablar, diría que Raúl es un Master blender, un Chef de cave, un Mago. Se le da portentosamente bien eso de mezclar vinos para engendrar otros que superan la mera suma de las partes.
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Es esta visionaria capacidad, mezcla de intuición, sensibilidad y profesión, lo que colocó elaborando en Canarias. Sus mezclas en Stratvs revelan ese territorio al desnudo que alza la voz. Al elaborador no le queda más remedio que bajar la suya. Y ahí Raúl no ofrece resistencia.
Por eso, cuando habla de Borgoña, no suena a pose ni a referencia aspiracional. Por eso tampoco hay épicas brillantes en sus logros de 100 Parker. Porque se trata de sensibilidad. En bruto.
Personalmente creo de Raúl hablan mejor sus maceraciones larguísimas, esas en las que hay mucho tiempo, pero también muchos menos picos.
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En definitiva, y como bien él dice, “cuando se es pobre, nadie escribe tu historia”. Sin embargo, para nuestra fortuna, la de Raúl Pérez es una realidad para ser disfrutada en presencia. Porque este berciano llenará muchas páginas, pero me fascina que siga llenando aún muchas más copas.
Salud, Raúl.

















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