El vino no tiene por qué ser un examen

En el mundo del vino, todo parece complicado. Etiquetas petadas de información. Productores y uvas que no sabes pronunciar. Gente que habla como si estuviera resolviendo un crimen

GastroCanarias / Rafa Torres (@clubclandestinodecata)
Sábado, 16 de Mayo de 2026 Tiempo de lectura:

Yo también pensaba que había que entrar sabiendo. Hasta que entendí que no, que entre “ponme una copita de lo que sea” y “este vino tiene los gliséridos altos” hay capas, como en el propio vino. Entrar en el mundo del vino no es necesariamente estudiar más. Puede ser prestarle más atención a lo que ya estás bebiendo.


Bebo bien, dentro de mis posibilidades, gracias a que he aprendido un par de claves que me funcionan (y creo que a ti también te ayudarán) para disfrutar mejor del vino. No porque sepa diferenciar entre regiones y uvas (que ya te digo yo que no), sino porque he aprendido por el camino los pequeños trucos que harán que entiendas mejor los vinos que te gustan y por qué.


Beber más despacio


No me refiero a bebértelo todo, sino a hacerlo de forma más consciente. Esto es un cambio de mentalidad hacia el vino. No tienes que irte a La Guancha (Chicharro-centrista, lo sé) a hacer un curso WSET para saber si un vino te gusta. Empieza por prestarle un poco más de atención a cada botella. Decide si te gusta o no y por qué.

 

  • ¿Es suave y muy liquidito y por eso te entra bien?
  • ¿Sabe mucho, mucho a madera y eso es lo que te mola?
  • ¿Huele como el cráter del Teide, pero eso te atrae?
  • ¿Es más dulce de lo que te gustaría?
  • ¿Influye el contexto? ¿Te lo estás bebiendo con alguien o en algún sitio guay?
  • ¿Es lo que te apetecía?


Empieza a beber más despacio y a pensar un poquito a cada par de sorbos, a repetir los vinos que te gustan, a preguntar por vinos similares, a reconocer patrones (si es fresco, intenso, ligero, más madera). No hace falta que profundices en el olor o el sabor si no te sale; a muchos eso les viene de forma natural, a otros nos cuesta más. Pero en ese momento, sin darte cuenta, ya no estás bebiendo por beber. Ya estás prestando atención.


Una buena tienda lo cambia todo


Mis comienzos en el mundo del vino fueron siempre de la mano de profesionales de tiendas de vinos que entendían más que yo. Gente que se interesaba por lo que quería encontrar y evitaba que fuera por ahí eligiendo vinos por lo bonita que eran las etiquetas o lo chachi que sonaba un nombre en francés.


En Canarias tenemos la suerte de tener muchísimas tiendas de vinos y profesionales en las islas que tienen acceso a catálogos increíbles. Elige una o hazte un tour. Sé sincero cuando te hagan preguntas sobre lo que buscas, qué comerás, cuánto te quieres gastar y, sobre todas las cosas, no tengas miedo a decir “no tengo ni idea”. Volver al rato con tus sensaciones y te digan “vale, entonces vamos a buscar algo con menos madera”. Va a llegar un punto en el que esa persona forme parte de tu cotidianeidad. Algunos, como en mi caso, se pasean por tu vida durante más de 15 años, junto con el sabor del Gravonia que me hizo probar y del que todavía me acuerdo.


Si de pronto no aciertan con las recomendaciones, no te rindas; vuelves, dices por qué no y déjate recomendar de nuevo. Esto es una conversación; dale un par de oportunidades antes de decidirte por otro sitio. No es fácil acertar y menos cuando no tenemos muy claro lo que buscamos.


Subir la curiosidad


Todos tenemos algo de aprehensión a probar algo nuevo, sobre todo si nos cuesta dinero, pero el momento en el que te atreves, empiezas a descubrir realmente el mundo del vino.


Mi máxima en catas o cuando recomiendo un vino es el perder los prejuicios y subir la curiosidad al máximo.

 

  • ¿No te gustan los tintos? Vas a flipar con este.
  • ¿Que tiene cositas flotando? Pues vamos a decantarlo.
  • ¿Que la descripción suena rara? Algo más de lo que hablar.
  • ¿Que el vino blanco no es vino? Ay, joven Padawan...


Pruébalo todo. Entiende y acepta que no todo te va a gustar. Y en esos casos, párate a identificar por qué no te gusta y sé consciente de que los gustos cambian y que algo que no te gustó hace dos años igual hoy te resulta interesante.


Más guías y menos gurús


A los amantes del vino nos encanta saber que algo que te recomendamos te ha gustado. Acércate a esos perfiles que están ahí para ayudarte: amigos y conocidos que son conocedores (¡cuidado con los snobs!), trabajadores de vinotecas, prescriptores y divulgadores (juégatela conmigo si quieres) o bares de vinos y restaurantes con bodegas interesantes.


A lo largo de mi viaje por el vino, la mayoría de las veces he tenido la fortuna de toparme con gente maravillosa que ha sabido escucharme y recomendar de forma correcta. Pero, como en todos lados, esto es subjetivo y además muy sugestionable, y no hay mayor conocedor de tu gusto que tú mismo. Nadie tiene la verdad absoluta y la única opción válida es jugar.


No hay examen final


El mundo del vino es como el universo: cuanto más te adentras, más ves. Aquí no tenemos verdades absolutas. No me verás afirmar que un vino más caro es superior por el mero hecho de ser más caro. Tampoco lo aprenderás absolutamente todo sobre el vino. Estamos aquí juntos para irlo descubriendo. Entenderlo un poco mejor para que el siguiente vino que compartamos nos emocione un poco más. Y si no lo hace, por lo menos ya sabemos que por ahí no se llega a lo que buscábamos.

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