Redacción
Martes, 24 de Marzo de 2020 Tiempo de lectura:
REPRODUCCIÓN íntegra y textual, del artículo de José Carlos Marrero, publicado el 7 de septiembre de 2015, en el periódico EL DÍA.
IMPORTANTE: Los datos son referidos al año de publicación del artículo (2015) y los nombres de las autoridades que se reflejan en el mismo, son las que entonces estaban gobernando en las distintas instituciones. Pero, globalmente y en resumen, podríamos decir que la problemática en la actualidad sigue siendo la misma, y que el artículo original, que a continuación reproducimos íntegramente, sigue teniendo casi la misma vigencia... por no decir que la realidad hoy, es aún más preocupante.
GUACHINCHES: PASADO, PRESENTE Y... ¿FUTURO?
La competencia desleal puede llevar a una guerra, con el vino como arma.
Cuentan que un turista inglés fue a la finca de un agricultor isleño para comprarle algo de vino, y le encontró trasegando el líquido manjar entre los toneles de su bodega. El británico se percató de que el viticultor vigilaba, probaba y se regocijaba especialmente con el vino de una de sus barricas... Inteligente el extranjero le manifestó: "I'm wathching you" (yo le estoy vigilando)... A lo que el agricultor le respondió: "¿qué me dice usted de guachinche?"... El inglés prosiguió diciéndole: "I want to buy the wine you are whatching" (yo deseo comprar vino del que usted está vigilando)... Por lo que nuestro bodeguero, medio sin entender nada, remató la conversa diciendo: "¡Si, compre y beba vino de mi guachinche!".
UN POCO DE HISTORIA
Si esta historia que se cuenta es cierta o no, quizá nunca lo sabremos, pero de lo que sí estamos seguros es de que el origen y la razón de la existencia de nuestros populares "guachinches" de Tenerife (porque a los pocos que hay en Gran Canaria se les denomina "bochinches" y los muy pocos existen en otras islas) es la venta del vino de la cosecha del año por parte del agricultor-viticultor-bodeguero... Porque era el mismo personaje quien cosechaba y cuidaba la viña, vendimiaba y manipulaba la uva, y terminaba el ciclo envasando y vendiendo el vino (generalmente al por mayor y en garrafones) para su posterior venta al por menor en tascas, casas de comida, ventas y comercios.
Hay que decir que, en la mayoría de los casos, el agricultor no era potencialmente un viticultor o bodeguero puro y en exclusiva. Plantaba uva para su propio consumo y de paso, cuando la cosecha fue creciendo, elaboraba algo de vino pensando también en el consumo por parte de su familia y los amigos... La venta propiamente dicha a otras personas en plan bodega formal (aunque siempre pequeña y de producción reducida) le conforma el perfil de "bodeguero" paralelo o complementario al de agricultor y/o en su caso, ganadero.
Y no hay que olvidar al trabajador autónomo o empleado de otras profesiones, que en su tiempo libre (generalmente los fines de semana) se ocupada de cultivar y atender algún terrenito propio o de su familia, en el que no faltaba un poco de viñas y, de nuevo, el vino elaborado y producido para el autoconsumo o para el consumo de la familia y amigos, así como para la venta a otros, cuando la cantidad lo permitía.
Cuando un potencial cliente (o un turista despistado) iba a la pequeña bodega para comprar vino (siempre en garrafones, si no una barrica completa), apareció la necesidad de que el comprador no se "cargara" mientras probaba el vino de una u otra barrica, de cara a elegir el que finalmente desearía comprar. Había que "armar" el proceso final de la venta del vino y, para ello, se hacía necesario tener algo sencillo para que pudiera comer el potencial comprador.
Es este momento cuando aparece el cocinero o la cocinera (generalmente la madre o esposa del agricultor-viticultor-bodeguero) con el llamado "armadero", algún sencillo pero contundente plato de la cocina tradicional canaria, especialmente pensado para contrarrestar los "vapores" y posibles "desequilibrios" provenientes de la prueba de vinos de varias barricas en un corto espacio de tiempo... Y es en este punto cuando habría que incluir la anécdota o leyenda (histórica o no) que conté al principio de este artículo…Y por supuesto, imaginar a nuestro bodeguero isleño rematándole al inglés lo del... "¡Beba y compre vino de mi guachinche... y para, que no se me cargue, pruebe el "armadero" que ha cocinado la parienta!".
Repito que nunca sabremos si la historia que se cuenta es cierta o no, pero de lo que sí estamos seguros es que un auténtico "guachinche" es y debe seguir siendo "un lugar donde se vende vino al por mayor de la propia cosecha del agricultor-viticultor-bodeguero y en el que, para facilitar que los potenciales clientes puedan probar el producto de las diferentes barricas antes de su compra, se les ofrece algún sencillo plato (armadero) elaborado generalmente el propio vendedor, su esposa o algún familiar".
EL COMIENZO DEL CAOS
Así fue durante muchos años y el dueño del guachinche, productor que vendía el vino a granel al por mayor, respetaba la venta al por menor, que siempre se realizaría posteriormente por parte de los dueños de tascas, casas de comida, merenderos y restaurantes (por vasos, jarras, limetas de un litro o medias limetas) o bien por parte de las ventas y tiendas de ultramarinos y comestibles (generalmente por botellas o, en algún caso, por garrafitas de no más de dos litros y medio o cinco litros).
Pero hete aquí que algún productor listillo se dio cuenta del éxito de la cocina de su esposa en medio del proceso de venta de su vino, y se percató del potencial negocio de seguir vendiendo producto más allá de los límites de su cosecha... Y comenzó a comprar y vender vino de la cosecha del vecino... Y del no tan vecino... Y como por suerte la economía discurría sin tanto sobresalto, los propietarios de las tascas, casas de comida y restaurantes no vieron una amenaza por "competencia desleal" en la práctica "extra-productiva" de los bodegueros... Y la figura del guachinche comenzó a popularizarse y extenderse, más allá de la simple venta de vino al por mayor y su época.
Podríamos extendernos en más detalles de capítulos y fechas de esta curiosa historia sobre el nacimiento y evolución del guachinche, pero, esencialmente, estos son los datos y la realidad de los mismos hasta finales de los años 80. Es ahí cuando ya aparecen noticias y comentarios referidos a que una actividad productiva (elaborar vino y solo venderlo al por mayor) comienza a chocar con la actividad comercial (venderlo al por menor) sobre todo en directa competencia con el sector de la restauración.
EL PLAN DE GASTRONOMÍA
Y llega el año 2000, en el que el Cabildo Insular de Tenerife se convierte en la primera corporación pública de toda España, en promover y aprobar (en Pleno y por unanimidad) la creación y desarrollo del llamado Plan de Gastronomía de Tenerife, proyecto y experiencia pionera en nuestro país y que, a lo largo de estos últimos quince años, ha sido copiada (con permiso y sin él) por parte de otras comunidades, provincias, alguna que otra isla hermana y otros destinos gastronómicos de España.
Si me lo permiten, debo decir en este punto que fue un privilegio y todo un honor para mí, acompañar a Manuel Iglesias García y José H. Chela (que en paz descansen) en el diseño, creación y posterior desarrollo y coordinación del Plan de Gastronomía de Tenerife. Su aportación a la Gastronomía de Tenerife y Canarias no deberá ser nunca olvidada. Yo por mi parte, mientras pueda seguir siendo el coordinador de dicho Plan, respetaré los principios fundacionales del mismo, que creo siguen teniendo vigencia y futuro, hoy más que nunca.
El año 2003, cuando llevábamos tres coordinando el Plan de Gastronomía de Tenerife, vimos conveniente abordar (y abordamos) la problemática de los guachinches de nuestra Isla, de manera profesional, con rigor y de forma desapasionada. Y para ello decidimos contar con la colaboración de Ceferino Mendaro, un prestigioso profesional afincado en Tenerife y reconocido experto en estadísticas y estudios de producto y mercado.
UNA DEMOLEDORA ENCUESTA
Durante más de un año de trabajo, Ceferino Mendaro apoyado en un selecto equipo de profesionales lideró el desarrollo y elaboración de un concienzudo estudio, que obra en poder del propio Cabildo Insular de Tenerife y que se denominó algo así como "Estudio del fenómeno, realidad y problemática de los denominados guachinches de Tenerife". Un trabajo, por cierto, que contó con una encuesta realizada directamente a casi seiscientas personas, relacionadas directa y/o indirectamente con el mundo y la realidad de nuestros queridos y populares guachinches. En la mencionada encuesta se hacían, entre otras, algunas preguntas como las siguientes que les reproduzco a continuación y que, por sí mismas, quizá le hagan reflexionar a usted...
- ¿Un guachinche debe tener obligatoriamente vino en el tradicional garrafón, para vender a granel por vasos o jarras?
- Pero el Cabildo promueve erradicar el garrafón (para preservar fraudes) y fomentar el vino embotellado y etiquetado ¿Usted qué opina?
- ¿Confía usted en que el vino de garrafón de un guachinche sea en verdad de la isla y elaborado por el propietario del establecimiento?
- Aunque Sanidad recomienda (cuando no prohíbe) el uso de barras de madera, ¿debe un guachinche seguir usándolas y no de otro material?
- ¿Puede ser un guachinche y tener mostrador de acero inoxidable, máquinas tragaperras o de tabaco, grifo de cerveza, refrescos, horno microondas, o nevera para helados?
- ¿Qué diferencia ve usted o cree que debe haber entre un guachinche y una tasca, casa de comidas o restaurante tradicional?
- El denominado "guachinche" de Tenerife, en su concepción original y estado puro, ya casi NO existe.
- En la mayoría de los casos, los guachinches NO se limitan a vender vino de su cosecha, sino que venden muchos más productos y servicios.
- Asimismo, en la mayoría de los guachinches, se vende más vino del que realmente y oficialmente producen sus oficiales propietarios.
- En algún caso, incluso, hay guachinches que venden como "vino de su cosecha" producto que no ha sido elaborado en Tenerife.
- Por ello, los guachinches no se limitan a abrir mientras tienen vino de su cosecha propia sino que algunos abren ya todo el año.
- Los guachinches están compitiendo directamente con el sector de la restauración en su forma tradicional (tascas, casas de comida, etc.)
- Formalmente se puede afirmar que muchos guachinches están siendo "competencia desleal" a otros establecimientos legalmente abiertos.
- La Administración Pública que proceda, debería reglamentar oficialmente y controlar con rigor la realidad de los verdaderos guachinches.
- Es necesario definir con absoluto rigor, qué es un guachinche, qué establecimiento lo es y vigilar su correcto funcionamiento cada año.
- Hay que diseñar y otorgar un distintivo oficial para el verdadero guachinche y prohibir el uso de este término a otros establecimientos.
- Redefinir claramente lo que es o lo que entienden (o se quiere entender) por “guachinche”, que sea auténtico en base a la filosofía y a la historia.
- Analizar y llegar con rigor y desapasionadamente a la conclusión de si, en la actualidad, puede existir y ser rentable un verdadero y auténtico guachinche
- En caso afirmativo, decidir si lo que de verdad quieren recuperar esos auténticos guachinches y si han voluntad política de apoyarlos y defenderlos
- Si la respuesta volviera a ser afirmativa. Redefinir un Reglamento Oficial claro, sencillo y práctico, que sea fácil de implantar y más fácil de controlar.
- Expedientar, cerrar y erradicar de verdad y con contundencia los establecimientos que se denominan “guachinches” sin serlo.
- A esos, si quieren seguir abiertos, obligarles a quitar el nombre de “guachinche” e instarles a darse de alta y cumplir con el reglamento de bar, cafetería, casa de comidas, restaurante, o lo que en cada caso proceda.
- A partir de esa importante decisión, dar un nuevo plazo para que los distintos establecimientos, guachinches y no guachinches, se adapten.
- Después de dicho plazo, desarrollar una importante, inteligente y cuidada promoción, para poner en valor y promocionar los verdaderos guachinches.
- Por medio de un sistema sencillo y práctico, facilitar información en tiempo real a todos los medios de comunicación y usuarios interesados, sobre los guachinches autorizados, que están abiertos (o no) en cada momento.
- Pero la clave final está en un permanente, profesional y riguroso control del cumplimiento del Reglamento por parte de los guachinches que lo son, y de que ninguno que no lo sea siga utilizando ilegalmente dicha denominación.













