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Trufas y Jareas Una geografía vitivinícola de lo más peculiar Las Islas Canarias constituyen un viñedo muy singular para el cultivo de la uva
Gran variedad, denominaciones de origen o la calidad de los productos, son aspectos que hacen que los caldos canarios, hayan adquirido en los últimos años grandes reconocimientos
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Vista de viñedos de Ycoden – Dauta – Isora en Tenerife La isla de Tenerife posee siete denominaciones de origen.
Juan Antonio Hernández Ponce / GastroCanarias
16 marzo 2016
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Cuando se habla de vinos, se suele pensar inconscientemente, en un buen Rioja, o un sugerente Ribera del Duero. Sus viñedos y localización geográfica, su clima favorable, hacen de estas denominaciones de origen, una seguridad en su calidad.

Pero, ¿qué ocurre en nuestras Islas Canarias? Condicionantes como la ubicación, condiciones climatológicas adversas, el origen volcánico de su suelo, las altas temperaturas y muy pocas precipitaciones a lo largo del año, hacen de ellas un lugar, en principio, poco propicio para el arte de hacer vino.

Las islas, constituyen un viñedo muy singular, a la vez que magnífico para el cultivo de la uva. Su secreto reside en la gran cantidad de microclimas que las envuelven, acompañado de los vientos alisios, que terminan de generar un ambiente fresco y una humedad permanente. Con todos estos factores, se logra que los vinos que generamos en nuestra tierra sean únicos.

Ni siquiera la Filoxera ha podido derrumbar lo que consiguió hacer en otras partes de España entre 1870 a 1907. Este parásito de la vid, acabó con muchas de las variedades de uva que existían antiguamente. Sin embargo, la plaga no llegó a afectar a Canarias y como consecuencia las cepas y variedades de uva existentes por aquellos años, persisten en nuestros campos, haciendo de su enología, una de las más particulares y excelentes que se puedan degustar.

Si nos referimos a las denominaciones de origen, cabe destacar como claves fundamentales su localización y diversas altitudes, gracias a las cuales se crean caldos de los más variados aromas y sabores.

Si hacemos un recorrido por las Islas, encontramos muchos contrastes.

Empezando por la isla de Lanzarote, en La Geria, paisaje protegido, aprovechada para la plantación de vides para la producción de vino. Así, por medio de picón, a modo de manto que cubre los viñedos y los protege del viento, se aprovecha la humedad del sereno, que es filtrada por diferentes estratos de tierra, dando unos vinos blancos, frescos, con aromas cítricos, florales…Desde el más seco al más afrutado.

También se puede dar un paseo y catar un vanguardista “Bermejo”, cuya botella de origen Italiano de la provincia de Trento, la Modulor, es su carta de presentación y una de las grandes responsables de los buenos resultados cosechados por esta bodega. Desde sus secos, “malvasía volcánica 100%”, “Diego ecológico 100%”, un agradable acompañante “malvasía dulce”,  hasta el elegante “Brut nature”, que nada tiene que envidiarle a los mejores cavas que se elaboran en las bodegas San Sadurní de Noya del Alto Penedés.

Otra de las denominaciones de origen de Lanzarote, son las Bodegas El Grifo, constituyen el sabor de la tradición. Esta bodega se encuentra entre las diez más antiguas de España. Sus vinos han sido premiados con numerosos reconocimientos internacionales en los últimos años. Su tinto “Grifo Reserva Familiar”, de variedad syrah es una de las grandes riquezas de esta bodega, sin poder pasar por alto su ya obligatorio blanco seco, malvasía volcánica 100% “El Grifo malvasía colección”, que maridará a la perfección con un buen pescado de Órsola.  Su vino dulce “El Grifo Canari” es uno de los grandes del Archipiélago.

Continuando por la isla de Gran Canaria, apreciamos una gran variedad vitivinícola dependiendo la zona en la que nos encontremos. Encontramos las Bodegas Agala, las únicas representantes de la “cumbre” grancanaria. Su blanco seco es conocido, pero no podemos dejar de probar el arriesgado tinto crianza con variedades tintilla y vijariego. Aromático, con toques de lavanda y romero es un compañero de viaje perfecto de una comida calórica propia de la altitud que lo hace nacer.

Ya en la costa norte de Gran Canaria, en el pueblo pequero de Agaete, se puede disfrutar mirando al horizonte, de alguna de las riquezas que nos aporta el océano acompañados de “Los berrazales semiseco”, variedades moscatel y malvasía, cuyos creadores, Bodega Los Berrazales, son un ejemplo a seguir en cuanto al cuidado del medioambiente y a narrar la forma en la que dan vida a sus caldos, constituyendo un punto importante de enoturismo en la isla.

Y para finalizar, el plato fuerte en cuanto a vinos se refiere, la isla de Tenerife.  Posee la mayor variedad y así lo demuestran sus siete denominaciones de origen. Sus diferencias de clima y sobre todo de alturas, hace que además de singular, por encima de todo, el cultivo de la vid sea dificultoso y como consecuencia de ellos, se realice por parcelas. Ejemplo de ello, es la Bodega Suertes del Marqués, a la cual, Josep Roca, sumillier del Celler de Can Roca, galardonado con tres estrellas de la Guía Michelín y nombrado el mejor restaurante del mundo, no ha podido resistirse incorporar a su maridaje algunos de los exponentes de esta singular bodega.  Sus tintos son excepcionales, desde el tradicional y muy del Norte Tinerfeño, “7 fuentes”,  muy personal “La Solana” y el elegantísimo “El ciruelo”, sin olvidar su ensamblado blanco seco “Vidonia”, cuyo nombre hace culto a las uvas blancas mezcladas antiguamente en el Norte de la Isla.

Entre tierras áridas de Abona, la Familia Alfonso, con su bodega Altos de Trebejos, y arropados por el Teide nos ofrecen un sugerente “Mountain Weins blanco seco”, un  laborioso baboso negro o un brut nature, bien el clásico blanco o un divertido rosé, tan de moda hoy en día.

Ycodén – Daute – Isora, tiene también mucho que aportar. Sus vinos, más que conocidos, llevan en sus botellas siglos de historia, pues ya por los Siglos XVI y XVII suponían el único motor económico de la zona, con la exportación desde el Puerto de Garachico hacia Europa y América. Con ellos y deleitándonos con el fabuloso paisaje que rodea a los viñedos, desde Erjos, pasando por Icod, hasta La Guancha, podemos darnos cuenta de la riqueza viticultora de la zona, en donde un “Ensamblaje” perfecto, blanco o tinto, de Viñátigo o un trabajado marmajuelo, marca de la casa de Viña Zanata, son ya un reclamo en el Archipiélago y fuera de él.

La isla del Meridiano, El Hierro, con sus maravillosas vistas y paisajes, nos enamora a modo de dulzura con un Viña Frontera afrutado, y tradición y elegancia con el baboso negro de Tanajara del municipio de El Pinar, donde se trabajan las viñas de manera cuidadosa y con mucha armonía con el medio ambiente que las hace crecer.

La isla de La Palma, tiene mucho que ofrecer, con un clima y orografía similar a Tenerife y  de la que podríamos hablar muchas líneas. Su “Matías i Torres” blanco seco es fabuloso, y su ya clásico “Vega Norte” de variedad Albillo Criollo, se han ganado el reconocimiento de todos.

Son muchas las posibilidades que el Archipiélago canario ofrece a los amantes de la vid. Sus paisajes y campos, gente y sus costumbres, y por supuesto, sus características climatológicas y geográficas, le han regalado el reconocimiento a ser únicas en este mundo o arte del vino y su peculiar manera de elaborarlo.