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Trufas y Jareas Uruguay, sus fogones y su influencia trufera y jareada La influencia de grandes recuerdos en cada letra de trufas y jareas
El Restaurante Novillo Precoz ha conservado la esencia a Uruguay y a lo largo de los años, razón por la cual es merecedor de considerarlo como un lugar de lo más trufista.
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Restaurante Novillo Precoz conserva la esencia a Uruguay desde sus inicios • Lo único que habrá que hacer en El Novillo Precoz, es sentarse, pedir un buen vino y disfrutar de una ternera hecha al mejor estilo de aquel país donde el mate supone una forma de vida.
Juan Antonio Hernández Ponce / GastroCanarias
02 noviembre 2016
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Hace ya ocho meses que me introduje en este periplo que tantas satisfacciones me ha dado durante todo este tiempo. Llevaba mucho tiempo admirando, escribiendo y comentando con gente del mundo de la Gastronomía y con otra que sin serlo eran unos grandes aficionados a la misma y un buen día me surgió una oportunidad. José Carlos Marrero, me ofreció introducirme de la manera que más me gusta en este mundo tan apasionante y gratificante como el del buen comer, buen hacer y sobre todo de disfrute para los sentidos que están implicados en él, la cocina.

Como ya se ha comentado en otras citas de esta columna a la que le he cogido un cariño especial y que me permite expresar en unas líneas esos recuerdos y buenos momentos que me regala el buen hacer culinario, hubo que ponerle un nombre a este pequeño, humilde y enriquecedor espacio y en él jugó un papel imprescindible una de las personas más influyentes en mi vida, a una de las que más he querido y fuente fundamental para que trufas y jareas fuera el nombre que se le dio a esta columna.

El pasado fin de semana tuvo una importancia capital en la elaboración de estas líneas que hoy me estoy dedicando a escribir.

Como cada determinado tiempo tuve la oportunidad de disfrutar de algunas de las riquezas gastronómicas de nuestra isla vecina, Gran Canaria. Para algunos simplemente un símbolo de la absurda rivalidad existente desde mucho tiempo atrás. Para otros una Isla fabulosa, con una gente de lo más acogedora y divertida y cuyos rincones más recónditos hay que conocerlos para poder llegar a alguno de los que hace que palabras sean hoy redactadas.

La primera vez en mi vida que pisé la Isla de los grandes canes, lo hice con esa persona tan importante a la que hoy le rindo este homenaje, mi abuelo Juan. Es cierto que una de las premisas de una buena crítica gastronómica es evitar, ante todo, incluir el terreno personal. Sin embargo, él ha jugado un papel fundamental en la elaboración de todas y cada una de páginas, que desde febrero han invadido un pedacito de tiempo de aquellos que han decidido leerlas.

Juan era chicharrero por encima de todas las cosas y según él, en nuestra vecina, pocas cosas podía haber buenas. Sin embargo, su restaurante preferido se encontraba en La Capital.

Ese rincón, al que fui por primera vez hace ya muchos años, es un lugar en donde se respira a Uruguay desde que ponemos nuestro primer pie en su interior. Un rincón donde las camisetas de equipos como el Peñarol nos recuerdan la importancia del deporte Rey en el continente americano y como se introduce en cada plato, cada conversación y temas de tertulia que acompañan a una comida de altura.

El Restaurante El Novillo Precoz, en la Calle Portugal nº 9, es sinónimo de fogones, buen producto y sobre todo, la que para muchos y también para nosotros, siempre desde nuestro punto de vista, constituye una de las mejores propuestas de carne del Archipiélago.

Seguramente Juan opinaba igual por las mismas razones que hoy estoy escribiendo yo, simplemente porque para “echarse a la boca” un buen pedazo de novillo, no hace falta que esté presentada como si de un cuadro de impresionismo se tratara. Tan solo hace falta que esté madurada y sobre todo hecha de manera sobresaliente.

Y eso es el Novillo Precoz, un pequeño rincón del país sudamericano en pleno centro de Las Palmas de Gran Canaria, donde lo único que habrá que hacer es sentarse, pedir un buen vino y disfrutar de una ternera hecha al mejor estilo de aquel país donde el mate supone una forma de vida.

Qué decir de su fabuloso polvito uruguayo. Ese postre a base de galleta y dulce de leche, del que pueden presumir ser posiblemente el mejor de la capital y del archipiélago. Su sabor suave a la vez que cremoso suponen un obligatorio. Ni un almuerzo calórico a base de los mejores productos del Novillo, podrán evitar que le hagamos un huequito en nuestra cavidad abdominal a tan sublime mezcla de sabores del mundo dulce.

Lo dicho, Juan me enseñó muchas cosas. Esa persona de cabello blanco desde que mi lóbulo temporal es capaz de recordar, ha sido la persona más inteligente que he conocido en mi vida y una de las más influyentes en lo que soy a día de hoy. Él y sus frases y gustos han jugado un papel fundamental en el origen de esta columna, pues sin ellos, no tendría nombre y a pesar de ser un enamorado de Tenerife y fiel aficionado a nuestro tan querido “Tete”, me hizo descubrir en la Calle Portugal un pequeño rincón del país de la elástica celeste cuyo buen hacer en los fogones, su buen producto y ser un lugar que ha conservado siempre su esencia, es merecedor de este homenaje.

El Novillo Precoz y sus fogones han conseguido perdurar en nuestra mente durante muchos años. Esperemos que siempre siga igual, que continúe siendo un restaurante cuyas formas jareadas de presentar las elaboraciones lo hacen de lo más trufista y que uno de los mejores recuerdos de mi vida permanezca en mi memoria cada vez que entro en ese pequeño pedacito de Uruguay. Aunque sea de vez en cuando, habrá que continuar yendo al Novillo.