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Trufas y Jareas TRUFAS & JAREAS: De la mar, el mero El mantenimiento de una ilusión en el barrio de El Toscal
Hace ya unas semanas, aprovechando un aperitivo con mi amiga Carmen en el Mercado de Nuestra Señora de África, popularmente conocido como “La Recova”, ella me contó la historia de un pequeño pero magnífico rincón gastronómico, una historia merece la pena conocer.
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TRUFAS & JAREAS: De la mar, el mero • Muy orgulloso tiene que estar Juan de Paquita y de su afán por mantener su espíritu vivo en esta esquinita del centro de Santa Cruz
Juan Antonio Hernández Ponce / GastroCanarias
06 julio 2016
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Hace ya unas semanas, aprovechando un aperitivo con mi amiga Carmen en el Mercado de Nuestra Señora de África, popularmente conocido como “La Recova”, ella me contó la historia de un pequeño pero magnífico rincón gastronómico, una historia merece la pena conocer.

Habrá que desplazarse al histórico barrio de El Toscal, en Santa Cruz de Tenerife, uno de los más emblemáticos de la capital tinerfeña, delimitado por la calle Méndez Núñez, el acuartelamiento de Almeyda y la calle de La Marina. El conjunto se conforma y desarrolla sobre tres ejes principales: la calle de la Rosa, la de Santiago y la de San Miguel.

En el barrio de El Toscal siempre se respira un ambiente agradable e idóneo para pasear y disfrutar de tranquilidad y de tradición.

Sus calles aún conservan algunas de las edificaciones típicas de la ciudad, que datan del Siglo XIV, cuando la actividad portuaria de la ciudad empezó a cobrar vida con la construcción del puerto de Tenerife. Estas viviendas, a modo de casas terreras y humildes, con unas fachadas sencillas que permiten reconocer el barrio a la legua, son las denominadas “ciudadelas”, situadas en pasajes sin salida y con un patio común, que ha dado a sus gentes una costumbre de vivir en familia, ya no muy usual en la ciudad, pero que El Toscal aún conserva.

En el barrio existen innumerables establecimientos de todo tipo: moda, bares, locales de ocio, de copas, asociaciones de vecinos… cuya vida o historia permitiría dedicarle horas y horas para contarlo en estas líneas, pero en tan poco espacio sería imposible.

Si damos un paseo “toscalero” con un poco de apetito y con ganas de disfrutar de una comida con amigos, en un ambiente entrañable y muy típico de nuestro “país”, como es la tasca y la barra y que los “truferos y jareados” ya habrán disfrutado en otras ocasiones, podremos detenernos en el nº11 de la calle La Rosa. Allí existe un pequeño rinconcito gastronómico que hace esquina y cuya historia y buena mesa merecen la pena ser conocidas y, por tanto, dedicarle un pedacito de espacio y tiempo.

Juan era un personaje conocido del motor y ralles, aficionado al golf y que tenía como ilusión montar una tasca que no albergara a más de 20 comensales. Por ello decidió comprar el local situado en una esquina del nº 11 de la Calle de la Rosa y pidió que le ayudara a su diseño y decoración la persona más indicada para ello, Carmen. Había que poner un nombre a la tasca y, como él siempre decía, “De la mar el mero y de la tierra Juan Pallero”, le pareció que el nombre perfecto iba a ser simplemente “De la mar el mero”.

Carmen se dedicó a la obra y decoración de la tasca y buscó a la persona ideal para que llevar las riendas del local, su amiga Francisca Rodríguez Gandullo, más popularmente conocida como Paquita.

Desgraciadamente el estado de salud de Juan se complicó mucho por aquel entonces, por lo que tras la inauguración de la misma el 28 de diciembre de 2009, solo pudo disfrutar de ella diez días.

Durante un año, Paquita se dedicó en cuerpo y alma a esta tasquita. Ella le dio el impulso y sentimiento necesarios para que pudiera salir adelante durante un año aproximadamente, hasta que un día, Carmen y Paquita, conocieron a Carmine Struffolino, un italiano afincado en la Isla y quien se unió a este proyecto tan ilusionante, a la vez que sentimental.

De la Mar el mero es un local tan entrañable y acogedor que a diario se reúne multitud de gente, bien en una de sus 3 mesas o bien en la barra, o tan solo por fuera esperando para degustar unos productos de altísima calidad.

Este huequito gastronómico le da al barrio de El Toscal un ambiente que parece más típico de la Península Ibérica, que de la propia Santa Cruz de Tenerife. Su luz tenue y la distribución de las pocas mesas y la barra son perfectos para que en ella se genere una atmósfera ideal para una noche de buena cocina.

Francisca Rodríguez, “Paquita”, siempre servicial, es la jefa de sala perfecta para la sinfonía, en la que no pueden faltar los ibéricos o el queso parmesano, acompañados de una caña o una copa de vino, para dar paso a unas gambas de Huelva, que estarán tan buenas que, al comerlas, parecerá que estemos en Ayamonte con nuestra mirada puesta en su puerto, hoy en día tan turístico.

Dejando el territorio nacional, tendremos que viajar al país transalpino, y es que Carmine nos trae de su tierra una lasagna que bien merece la pena degustar y que nos lleva al “país en forma de bota” para disfrutar de ella y que, tras el primer bocado, nuestro cerebro estará situado en una pequeña plaza de algún lugar de La Toscana. Para terminar, no podremos irnos sin un entrecot a la plancha, con sal y nada más, cuyo punto de cocción siempre será perfecto y atendiendo a las preferencias de los comensales.

“De la Mar el Mero y de la Tierra Juan Pallero”. Muy orgulloso tiene que estar Juan de Paquita y de su afán por mantener su espíritu vivo en esta esquinita del centro de Santa Cruz, y de Carmine por apoyarla en todo momento. Así mismo muy orgullosa tiene que estar Paquita de haberlo conseguido y de haber llevado a esta tasca a ser uno de los referentes de la noche chicharrera. Una tasca muy de trufas, pero con un sabor muy de jareas.