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Trufas y Jareas Más allá que una lámpara Cada elaboración tendrá un sabor diferente si la luz la acompaña.
La columna de hoy va dedicada a una persona y amiga, que me enseñó que los hombres no saben que las cortinas existen en una casa y podrían vivir eternamente en ella sin el calor que estas pueden darle a una estancia de la misma.
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De la Mar el Mero y su buen hacer en los fogones han hecho méritos propios para ser saboreados • La importancia de la decoración y la iluminación de un restaurante son fundamentales para que una elaboración sea mejor en el momento de llevarla a nuestro sentido del gusto.
Juan Antonio Hernández Ponce / GastroCanarias
19 julio 2017
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Durante más de un año esta columna ha hablado de muchísimas cosas relacionadas con la Gastronomía. Se han hecho pequeñas rutas, hablado de restaurantes, chefs, estrellas y comida tradicional.

Con Trufas y Jareas hemos viajado por toda la geografía isleña, nacional e internacional y se ha intentado transmitir a sus lectores olores y sabores semanalmente a través de los folios. Con esta columna se han tocado muchos temas, siempre en positivo de la vida de los fogones.

Este sabroso espacio me ha culturizado en este mundo, al que cada día le tengo más respeto y sobre todo se ha convertido en una pasión. Sin embargo, determinados temas no han sido tocados y, algunos tan importantes, que tendrán una importancia capital en el funcionamiento y por supuesto, el encanto de un restaurante.

El pasado viernes, aprovechando el buen clima de Santa Cruz de Tenerife y, muy bien acompañado por mi gran amigo y hermano Balig Amir, la bonita y encantadora tasca De la Mar el Mero, en Calle de la Rosa nº 11 y de la que ya se ha hablado en esta columna trufera y jareada nos otorgó como siempre, una cena de altura.

Un gran jamón ibérico de Andalucía, unas gambitas de Huelva para chuparse los dedos y un fabuloso entrecot de la mejor materia prima fue nuestro menú. Sin embargo, hoy Trufas y Jareas no va a hablar de comida.

La columna de hoy va dedicada a una persona y amiga, que me enseñó que los hombres no saben que las cortinas existen en una casa y podrían vivir eternamente en ella sin el calor que estas pueden darle a una estancia de la misma.

Mi amiga Carmen, apasionada de la decoración y decoradora de profesión, hizo de esta tasca un lugar con alma, con encanto. Ayudada por Paquita, la cabeza siempre visible y, persona que está al pie del cañón y por Carmine, gran chef, loco por el buen producto y apasionado de la iluminación han conseguido que, De la Mar el Mero, sea un lugar en el que las horas pasan volando y, donde cenar a la luz tenue de sus bonitas lámparas y bombillas de luz cálida sea toda una delicia.

¿Cuánto de importante es la iluminación? ¿Cuánto puede cambiar nuestra percepción de una comida si la luz de un Restaurante no es la adecuada?

Cuando uno sale a cenar, es muy importante y, más que nada lo buena o mala que esté la comida que nos llevemos a la boca. Sin embargo, cada elaboración tendrá un sabor diferente si la luz la acompaña.

Para un foodie hasta las instantáneas serán distintas si las bombillas nos dan la luz adecuada para posteriormente sean compartidas.

Cuando alguien decide abrir un restaurante, obviamente el chef y el cocinero son el pilar fundamental y, claro está, siempre acompañados por un gran servicio de sala. Pero todo esto no sería buenísimo, si la iluminación del local y la ubicación de sus elementos no estuvieran bien estudiados y aplicados.

De la Mar el Mero es un ejemplo de que su decoración está estudiada hasta el último detalle. Sus muebles de madera, sobrios y elegantes, son perfectamente caracterizados en una preciosa oscuridad por una luz cálida y amarilla, que hacen del local un ecosistema magnífico para disfrutar de la buena mesa.

Sus lámparas de pie en cada esquina, o las colgantes de diseño árabe que alternan con otras más nórdicas que el techo hace caer por encima de los comensales que siempre ocupan cada rincón de su barra, generan un ambiente único.

Cuando la Calle de la Rosa, concurridísima por el día y con abundante flujo de gente y tráfico cesa su actividad al caer el sol, De la Mar el Mero abre sus puertas para iluminar la calle como si de una casa de cuento se tratara y, que simplemente esa bonita estampa que hace esquina, invite a entrar y, sobre todo, a disfrutar.

Hoy no vamos a hablar de buena mesa. De la Mar el Mero y su buen hacer en los fogones han hecho méritos propios para ser saboreados y por supuesto ser contados.

Hoy le hago un homenaje a Carmen y a su pasión porque todos los elementos de una estancia tengan un precioso desorden lógico.

Ella creó en su día una tasquita la mar de bonita, donde cada mueble, mesa y elemento decorativo la hacen diferente.

Carmine, loco por la luz, por la cocina y la buena mesa y Paquita y su arte andaluz, manejo y control de todo y saber estar, la han ayudado a que cada día que pasa, este pequeño rincón de buena mesa de la capital chicharrera sea mejor.

Gracias por hacer de la decoración todo un arte y porque hasta la gastronomía sepa mejor rodeada por el mejor de los ambientes. Hagamos de la decoración y la iluminación un elemento de lo más trufista que merece ser contado entre trufas y jareas.

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